“Éphémére” por Pablo Sandoval

Pablo Sandoval nos presenta una exposición basada en la idea barroca de la muerte, las vánitas, haciendo una reinterpretación del clásico bodegón del siglo XVIII. Usa los cráneos como centro de la obras, que da referencia directamente a la muerte, la que te observa y nunca sabes cuando puede llegar. Todo en este mundo es efímero. Los cráneos siempre están rodeados con flores, las flores en todas las culturas hace referencia a la muerte. El origen de colocar flores en las tumbas era para enmascarar el olor a muerte que desprendían los cuerpos en putrefacción. Hoy en día eso ya no es necesario pero la tradición se ha mantenido, incluso cuando vemos flores puesta en una curva de una carretera ya sabemos por lo que es. De esta forma crea un juego con la muerte al centro y las flores alrededor, todo en una simetría bilateral, con la idea de enmascarar la muerte con la belleza de la naturaleza.

Su idea es plasmar en un cuadro lo efímero de la vida, plasmar ese momento y hacerlo eterno en el tiempo

Biografía:

Estudiante de 21 años de Bellas Artes en la Universidad de Murcia

Ha participado en varias exposiciones colectivas tanto de pintura y escultura

Esta es su primera exposición individual, siendo “Éphémère” su primer proyecto completo que ve la luz. Un trabajo centrado en las geometrías, los elementos naturales y lo caduco.

 

“Dejaste las flores olvidadas en aquel mármol caliente y ahora estás fuera de plano. No verás caer sus pétalos, no olerás su carne marchita, no rozarás la levedad de su existencia. La fugacidad no le robó nada a la belleza. Aquí no. Se detuvo el tiempo en el preciso instante de la virtud y lo que permaneció fue sólo arte. Vita brevis, ars longa.
Si jugáramos a vivir, seguramente acabaríamos muriendo. Somos incapaces de desasirnos de nuestra tendencia a menos infinito y, al mismo tiempo, cerramos los ojos para no sucumbir a las estrellas fugaces. Soñamos alcanzar lo inmarcesible, con la total certeza de que será nuestro sólo si tiene la duración de un parpadeo. Nos rendimos ante la belleza porque sabemos que, en su fragilidad, encontraremos el consuelo para superar esa muerte dulce e iridiscente con olor a jazmín que nos aguarda. No brotará el verde sin el negro en esa tierra baldía y, a pesar de todo, malgastaremos ríos de lágrimas con la única esperanza de ver la gracia de aquella rama verdecida.
Será inevitable. Vendrá. Arrugará el fruto hasta dejarlo seco, convertido de nuevo en semilla maldita. Llegará la muerte y tendrá tus flores a sus pies. Dejarán de oler pero no perderán su color, su luz, ni siquiera su esencia efímera. Y entenderá la muerte, entonces, que sólo por una vez, el arte ganó la batalla. “

Araceli Muñoz

 

Hasta el 23 de Mayo

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