Vivian Maier. El legado fotográfico

Desde que salió a la luz mucho se ha hablado de ella, ha sido como una revolución. Los amantes de la fotografía han investigado todo sobre su persona y su trabajo,  sobre su misteriosa y anodina vida y sobre su enorme legado fotográfico. Vivian Maier era una persona corriente, rodeada de un mundo inmenso que ella con una cámara pudo retratar y dejarnos en uno de los legado de fotografía urbana  más relevantes de la segunda mitad del siglo XX.

Vivian Maier (1926-2009), la valiosa herencia que nos ha dejado son más de 100.000 negativos hallados de forma casual hace seis años tras una subasta pública en Chicago. Todo ello ha obligado a realizar, según los expertos, una revisión de la historia de la fotografía contemporánea para incorporar a esta retratista anónima, niñera de profesión, que murió pobre y sola.

Una selección de 120 imágenes y nueve películas en Super 8, de ese legado, presentada con el lema de Street Photographer, se expone en Valladolid y por vez primera en Europa, para dar paso a quien “ha venido para quedarse ya” entre nosotros, ha declarado Anne Mourin, comisaria de esta exposición que ha promovido el Ayuntamiento de Valladolid.

La belleza de lo cotidiano, el hálito de la rutina, la vida ordinaria del Chicago y Nueva York de la segunda mitad del siglo XX, retrató en sus ratos libres Vivian Maier con medios rudimentarios y sin ninguna pretensión profesional o artística, ella que se ganaba la vida como niñera y casi nadie conocía este modo de evasión.

Destacó por una visión humanista en la mayoría de sus creaciones al situar al ser humano en el epicentro de la inmensidad arquitectónica y urbana que el mismo hombre creó en Nueva York y Chicago, dos de las grandes urbes de los Estados Unidos, una veces engullido y otras en pleno combate o lucha por la supervivencia.

Sus imágenes carentes de artificios, con suavidad pero firmeza, son estampas callejeras vinculadas a oficios, rostros anónimos pero fácilmente identificables: menestrales, desposeídos y también olvidados o marginales, con una especial atención a la indumentaria y a los niños como último eslabón de ese enfoque humanista.

El relato se completa con el paisaje urbano, desmesurado en las proporciones de sus edificios e infraestructuras, el mobiliario y decorado, los establecimientos y la gente como inquilinos de una cotidianeidad de la que forman parte blancos y negros, así como las diferentes etnias que pueblan esas grandes ciudades industriales.
No faltan ebrios, vagabundos, mendigos y prostitutas, cuyo dolor constata desde el umbral de la escena, sin cuestionar, ni moralizar, con un mero carácter testimonial.


Tras su paso por la Sala de Exposiciones San Benito de Valladolid, que finaliza el 8 de julio. La muestra viajará durante los tres próximos años por Bélgica, Francia y Suecia, entre otros países, según las previsiones de di Chroma, la sociedad que gestiona la difusión del legado de Maier.

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