Encuentro en Sonora. José Luis Vidal Coy

Siempre quise ir a Sonora. Desde crío. A través de mi madre cayeronen mis manos tres novelas de Karl May que fueron de mi tío, en las que Old Shatterhand recorre las sierras y desiertos del norte mexicano con“su” indio Winnetou, jefe de los apaches. Una de esas cosas grabadas en la vieja memoria que otra hace aflorar. Así pasó cuando llegué a la última parte de las andanzas de los realvisceralistas a los que Roberto Bolaño llamó Los Detectives Salvajes. Es aquella en la que reaparece García Madero con su Lupe, acompañados, cómo no, de Belano y Lima a bordo del Ford Impala del padre de las Font para proseguir su búsqueda de Cesárea Tinajero, perseguidos por el padrote Alberto en su Camaro con su cuate, policía y guarura“.
Así inica José Luis Vidal Coy el relato de su búsqueda en Sonora (México) de las historias que le atrajeron desde su infancia. Lo curioso, es que Vidal Coy paseó por todos aquellos lugares, conoció a sus gentes, respiró el aire de allí, intento cruzarse con los personajes, o quizá incluso hasta iba tras esa búsqueda existencial que perseguían los protagonistas; y en cambio, Bolaño, jamás estuvo en Sonora, escribió la novela estando en Barcelona, imaginándolo todo a través de mapas que tenía extendidos por el suelo y colgados en la pared. De Roberto Bolaño, no hay nada más que añadir que ya no se haya dicho, así que, qué mejor que adentrarnos un poco más en esta exposición vinculada a él a través del poema de esta gran escritor y poeta chileno llamado Los detectives perdidos:

“Los detectives perdidos en la ciudad oscura. /
 Oí sus gemidos. /
 Oí sus pasos en el Teatro de la Juventud. /
Una voz que avanza como una flecha. /
 Sombra de cafés y parques
 Frecuentados en la adolescencia. /
 Los detectives que observan /
 Sus manos abiertas, /
 El destino manchado con la propia sangre. / 
 Y tú no puedes ni siquiera recordar /
 En dónde estuvo la herida, /
 Los rostros que una vez amaste, /
La mujer que te salvó la vida.”

En abril del 2012, José Luis Vidal Coy, reconocido periodista murciano,  expuso en la galería La Aurora ¿Qué fue de García Madero?, un recorrido por los lugares que aparecen en la novela Los detectives salvajes de Roberto Bolaño a través de fotografías, ya que viajó buscando todos esos rincones citados. Ahora y hasta el 20 de marzo, vuelve a La Aurora con Encuentro en Sonora, una segunda parte del proyecto fotográfico realizado en México sobre esta novela, centrándose para esta exposición en el último capítulo de la misma: Los desiertos de sonora, que transcurre en el año 1976.

En este capítulo, Arturo Belano y Ulises Lima -que realmente se trata de Roberto Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro, al que Bolaño les dota con esos nombres como sus alter egos-, viajan juntos por Sonora. Buscan a Cesárea Tinajero, una poeta que había desaparecido. Sólo tienen como pista que fundó una revista llamada Caborca, y ese es el nombre de un pueblo que hace frontera con Arizona, así que los detectives salvajes van viajando por lugares como Santa Ana, Altar, Caborca, etc. Vidal Coy viajó por todas las ciudades a las que nos lleva Bolaño, intentando buscar todo aquello que imaginaba a través de la lectura, y poder traernos imágenes físicas de las imágenes mentales que nos evocaban las líneas de Los detectives salvajes.

Las correrías de los cuatro huidos me hicieron regurgitar desde mi subconsciente las de Shatterhand y su socio por la Sierra Madre, las orillas del Mar de Cortés, los desiertos sonorenses… En unos y otros periplos hay malos y buenos; personajes pintorescos y otros turbios; acciones deshonestas y limpias; violencia y calma. Durante casi tres semanas perseguí los espectros de Belano, de Lima, de García Madero, de la Lupe… por Cananea, Magdalena, los dos Kino, Bavispe, Bacanora, Banamichi, Mazatán, Moctezuma, Huásaba, Cucurpe y algunos otros sitios del norte del estado de Sonora.
No llegué a verlos. Como me había pasado en mi persecución anterior por el De-Efe, sólo llegué a intuir sus presencias en muchos lugares que me los recordaron. A ellos y a las páginas de Bolaño. Tampoco encontré a los apaches sucesores de Winnetou, desplazados ahora al norte de la frontera con Arizona. A cambio, pude contemplar escenarios novelescos que nunca, sobre todo de crío, hubiera imaginado alcanzar.”

Textos: José Luis Vidal Coy y Sofía Martínez Hernández

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