BrianThe Brain por Francisco Giménez

Un mono sometido a experimentos inanes en un laboratorio que es la utopía futurista del divino Marqués de Sade; la matanza fría y seca en un instituto; una playa empedrada; la chica finústica y cabezotilla, pero inquietantemente sexy, a pesar de (en realidad, gracias a) carecer de brazos y de piernas; unos jovencitos atildados y abominables; comida tecnológica; mascotas nanorobóticas; una cafetería que es una pesadilla de hielo; calles que recorren las arterias de la banalidad; coches que chocan como los átomos del viejo Lucrecio: sin dios ni logos; y un adolescente telépata y telequinésico que habita en la cumbre del frikismo. Estos son los personajes y los entornos que tejen la trama de Motor Lab Monqi. Retrato de Brian the Brain como adolescente, la última novela gráfica de Miguel Ángel Martín (León, 1960) en la que se narra la llegada a la pubertad de Brian de Brain, un héroe extraño e irresistible que ya supuso para su autor el Premio Yellow Kid al mejor autor extranjero (Roma, 1999) y que, en palabras de Luis Alberto de Cuenca, “sigue con las circunvoluciones cerebrales tan visibles y bien peinadas como siempre…

Brian de Brain es un muchachito dotado de un cerebro hipertrofiado que le proporciona una serie de superpoderes muy alejados del glamour épico de los X-Men de Stan Lee y Jack Kirby; y ahora, recién llegado a la adolescencia, experimenta (con  más curiosidad que pesar) cómo disminuye su potencia cerebral, a cambio de colmar sus encantadores lóbulos neuronales con una pulsión erótica rebosante de sentimientos nuevos y de prótesis…

El mundo narrativo de Miguel Ángel Martín es, posiblemente, el más inaudito y saludable que podemos encontrar en el panorama de la novela gráfica europea; tanto por su capacidad de darle la vuelta como a un calcetín a la moralina que consume la mayoría bienpensante de nuestro continente, como por la exquisita liviandad con que expone su discurso, que hace gala de un dibujo fino, duro y desinfectado, como si su autor hubiera sustituido la pluma por un bisturí. Tal vez sea esa combinación de línea hiperclara y de oscuridad moral lo que convierte a este autor en una oportunidad singular para experimentar un gratísimo placer suave, perverso y sofisticado.

Y ya que estamos, les invito a conocer el resto de la obra de Miguel Ángel Martín, que no tiene el menor desperdicio. Por no hablar de la maravillosa simbiosis que se produce cuando combina su trabajo con el de Luis Alberto de Cuenca, sin duda el mejor poeta que conoce el español de nuestro tiempo. O, ya puestos, que no pierdan de vista la editorial que cuida de ambos, Rey Lear, que muestra con acierto el modelo que permitirá que los libros convivan aristocráticamente con la voraz servidumbre que imponen los piratas y el interesante mercado de los e-books.

Información y textos: Francisco Giménez Gracia

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