Chema Madoz en Las Cigarreras

Toda materia está llena de sentido y su lugar en el mundo le da significado. Chema Madoz trabaja con el sentido de las cosas como si se tratara efectivamente de materia. Utiliza los objetos y su representación gráfica como si fueran palabras de un vocabulario nítido. Desde el 18 de Enero y hasta el 14 de abril, en el Centro Cultural alicantino Las Cigarreras,  podemos disfrutar del fotógrafo de las imágenes orníricas, sugerentes y poéticas. La muestra titulada Chema Madoz 2000-2005 está compuesta de 70 fotografías y comisariada por Borja Casani.

 Convertidos en signos, los objetos están ahora literalmente hablando, o mejor, son imágenes que están literariamente hablando, porque partiendo de la estética de la semejanza o de la variedad de referentes, Madoz desplaza el sentido natural de los conceptos a otras comprensiones, explotando al máximo sus capacidades simbólicas y resolviendo su discurso con figuras y tropos de honda relación con el lenguaje: analogías, paradojas, metáforas o metonimias visuales que ofrecen al espectador un juego de percepción poética y requieren su colaboración activa.

Pero también es decisiva su precisa resolución fotográfica. Se trata de fotografiar una idea. La mera materialidad de la idea no es el objeto final de su trabajo, sino su encuadre, su retrato. Como en la clásica instantánea: su momento exacto. Esta colección de fotografías de Chema Madoz nos propone por tanto un juego de percepción. Las imágenes nos hablan, nos proponen un paseo por el entendimiento. Pero no se trata aquí de descubrir la solución de un jeroglífico. El enigma está resuelto. Era antes de que el artista descubriera su resolución plástica donde se encontraba en potencia el insondable sentido de las cosas, que, silenciosas y quietas en el lugar que les adjudicamos, se pasan todo el tiempo hablando.

Las fotografías de esta exposición, producida por la Secretaría de Estado de Cultura, son un desarrollo de los conceptos y técnicas en las que Madoz viene trabajando desde los primeros años ochenta y representan una interesante colección de ideas. Analizando el azaroso mapa de señales que emiten las cosas desde el lugar que ocupan en el mundo, Madoz individualiza y desordena, confronta y manipula, hasta conseguir mostrar un nuevo orden, una cara oculta del sentido, una nueva verdad simbólica que resalta, por impacto, el desorden de la lógica.

José Mª Rodríguez Madoz nació en Madrid en 1958. Cursó la carrera de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid al tiempo que estudiaba fotografía en el Centro de Enseñanza de la Imagen. En 1895 consigue su primera exposición individual y, con el paso de los años, su proyección se hace cada vez más internacional, exponiendo en diferentes galerías y museos europeos y americanos. En España es, además, uno de los fotógrafos más conocidos y, dada la fuerza y originalidad de su trabajo, es frecuente ver sus obras en portadas de libros y revistas de disciplinas muy diversas.

Aunque en algunas de sus primeras obras aparecían seres humanos, desde la década de los noventa ha centrado su trabajo en la fotografía de objetos a los que modifica o acentúa alguna cualidad convirtiendo sus obras en auténticos poemas visuales. Madoz se considera un escultor de objetos que trabaja desde el punto de vista de un fotógrafo y utiliza la fotografía como registro de la memoria. Es uno de los fotógrafos más importantes de la actualidad y un referente indudable de la fotografía contemporánea. Su obra ha sido expuesta en multitud de países (Estados Unidos, Argentina, México, Francia, Alemania e Italia, entre otros) y le ha hecho merecedor de galardones como el Premio Nacional de Fotografía (2000), Higasikawa, PhotoEspaña y Kodak.

 

 

 

 

 

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