CENTROS

Existe un proceso de expansión y remodelación del espacio urbano común a todas las ciudades, proceso repetido una y otra vez cuyo resultado es la homogenización de trazas y soluciones. Todas las urbes se parecen entre sí, todas son cada vez más similares. Resulta compleja una identificación de unas sobre otras cuando se abandona un centro, que hasta ahora otorgaba elementos singulares. También estos centros se han visto empujados por estos procesos, unificándolos y convirtiéndolos en parques temáticos y distritos económicos habitados en horas de oficina.

Estas remodelaciones urbanas tienen diferentes orígenes, desplazamientos industriales que generan amplias zonas arrasadas, nuevas infraestructuras que intentan dar respuesta a nuevas necesidades, fundamentalmente de movilidad entre centro y periferia, de modo que sufre una reducción a dos estados: lugares de intercambio y zonas de acceso a los mismos. Nuevas zonas de conquista sobre viejas zonas conquistadas, enormes cicatrices producidas por suturas de conflictos políticos, zonas periféricas que, movidas por la expansión de un centro saturado, dan pie a nuevas periferias. Un sin fin de motivaciones casi siempre camufladas en las intenciones de mandatarios de diferente color y su argumento de servicio ciudadano, con un trasfondo común a todas ellas de intereses económicos y especulativos. De todo esto el que más y el que menos tenemos una idea formada tras lo vivido en nuestro propio territorio.


Las transformaciones sufridas han acontecido a velocidad vertiginosa, tan rápido que hemos sido testigos directos y conscientes del cambio de aspecto de nuestro entorno. El crecimiento lento e inexorable sobre el que han crecido todas las áreas metropolitanas ha cambiado de ritmo y lo hemos observado con nuestros propios ojos, asistimos perplejos al levantamiento de un nuevo paisaje y la desaparición de referentes que han constituido hasta ahora nuestra memoria del lugar, todo bajo una patraña de bien colectivo, de una mayor calidad de vida, sin pensar en qué términos entiende la colectividad este concepto de calidad.

Este mal o bien entendido desarrollo da pie a lecturas y propuestas artísticas que no se limitan a un levantamiento de acta, no podemos mantenernos impasibles ante los desmanes que nos rodean y nos afectan, limitar la imagen a un simple ejercicio estético sería inaceptable. El artista debe de posicionarse y tomar partido en todo lo que concierne a su momento social e histórico, su trabajo conlleva una crítica ejercida desde sus modos de hacer, incluida una crítica de carácter interno hacia el devenir de las propias prácticas artísticas, hacia las propias disciplinas.

La ciudad, en su extensión el espacio habitable, crece de un modo que no encaja con las necesidades reales. Existen obras que nos enseñan la posibilidad de acometer cambios necesarios desde simples gestos, nos posibilitan reivindicarnos no como simples usuarios, nos devuelve el papel protagonista ciudadano, al margen de avatares económicos. Vivimos en un paisaje determinado, lo cual no significa que este sea el territorio deseado.

Textos e Imágenes: JAVIER ÁVILA

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