Rocio Verdejo. “Las Matemáticas de Dios no son Exactas”

Cuando alguien va a una exposición con ocho fotografías piensa que la verá en cinco minutos a lo sumo y se pregunta si eran precisas tantas alforjas para ese viaje, el emprendido por la artista, claro.
Tras una hora observando el trabajo de Rocío Verdejo (Granada, 1982), el espectador se responde que el ingrato camino que comienza a recorrer la autora ha merecido la pena.

Al divisar la primera obra: Jugando con Papá, uno tiende involuntariamente a fijarse en la Victoria de Samotracia central para después percatarse de la importancia que aquí cobra el contraste o acaso la convivencia entre la luz y la penumbra, a continuación cae en la cuenta de que interesa la mirada altiva adulta frente a la de la temerosa niña, luego fija los ojos en la compleja composición, sin dejar sitio alguno a la improvisación, ni siquiera aparecen por azar unos sillones tapados como de luto. Finalmente, el neófito visitante se rinde mareado por el bombardeo que su cerebro tiene que transitar.

El volcán sigue bullendo después de la erupción y, aunque breve, resulta injusto dejar de hacer una ligera semblanza sobre la serie de la granadina Verdejo. “Las Matemáticas de Dios no son Exactas”, comisariada por Tecla Lumbreras hasta el próximo 17 de febrero de 2.013 exhibe la labor más reciente de la joven realidad andaluza en el MUPAM Museo del Patrimonio Municipal de Málaga.

Quedan patentes los preparativos llevados a cabo por un equipo profesional que trabaja a las órdenes de la que se convierte en su directora. La de la ciudad de la Alhambra no deja lugar a la instantánea, dando absoluta prioridad a técnicas complicadas propias de la cinematografía y la publicidad. Lo que en época Victoriana parece que era más o menos típico, es decir: retratar a los difuntos cercanos realizando actividades de cada día o en actitud dormida, es reinterpretado ahora para destacar por lo que tiene de inusual y resultar muy llamativo.

Y es que la muerte es lo único cierto en la vida. De hecho, hay quien esgrime la siguiente definición. Vida: enfermedad degenerativa producida por la unión de un espermatozoide y un óvulo que, irremediablemente, desemboca en la muerte.
De este modo, es lo más lógico que se presente la convivencia cotidiana entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Quizá exista quien califique esta proximidad como algo cercano a lo obsceno, pero sin tener en cuenta la sobredosis de muerte a la que nos vemos sometidos con frecuencia, esta coexistencia se muestra con tal buen gusto que ni ofende ni espanta al espectador, más bien resulta atrayente.

De hecho la naturalidad que muestra la autora en su obra es de tal calibre que se disimula su ingente labor como meticulosa regente del más nimio detalle y la tarea que llevan a cabo los actores no profesionales retratados en sus construcciones. De tal manera, los guiños de la señora Verdejo son constantes al espectador que queda cautivado al tiempo que hipnotizado.

Información y textos: CESAR GIMÉNEZ SANCHEZ

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