NE Apartments, soluciones habitacionales niponas para moteros urbanos.

Nunca trates de separar a un motero de su máquina.
Es como un apéndice más de su cuerpo, le proporciona libertad y sensaciones que ni la más exquisita de las amantes puede hacerle experimentar. Modernos centauros del asfalto que, si pudieran, dormirían con sus queridas máquinas. A ellos no les importa despertarse con olor a gasolina en el pelo y con manchas de aceite bajo las uñas.
En ciudades como las que configuran el mapa urbano de Japón no es espacio precisamente lo que sobra y hay que exprimir al máximo el metro cuadrado habitable. Por ello muchos moteros bramarán de emoción cuando descubran que el estudio de arquitectura de Akiyoshi Takagi ha pensado en ellos en su proyecto NE Apartments. Son viviendas concebidas para quienes no desean vivir lejos de su motocicleta pero no por ello renuncian a escapar de la urbe.

 

Configuradas como un bloque de viviendas organizadas alrededor de un patio común, desde este se gana acceso a los garajes de cada una situados en la planta baja. Con espacio suficiente para la moto y una pequeña área de servicio/taller donde efectuar el mantenimiento y/o pequeñas reparaciones, ese sótano es también el cuarto de baño y aseo. El sueño de todo motero de pro, darse un baño o satisfacer sus necesidades más perentorias mientras no pierde de vista su montura. A través de una escalera se accede a la planta superior donde se encuentra un área de estar dotada de comedor y cocina. La última planta es donde se encuentra el dormitorio.

Los amantes de las dos ruedas en determinadas ciudades no siempre tienen un lugar donde guardar la moto y no siempre es lo más recomendable dejarla pasar la noche al raso. Por otra parte una alternativa puede ser la compra o alquiler de una plaza de garaje de automóvil, que puede no estar disponible o ser demasiado caro para las necesidades del motociclista. Este concepto de los NE Apartments precisamente aprovecha el escaso requerimiento de espacio de un garaje que sólo tendría que albergar una moto (o dos, incluso) especialmente en lo que tiene que ver con el espacio disponible para efectuar las maniobras de entrada y salida al patio central.


Por no hablar de que en el vecindario no habrá vecinos protestones por el sonido del escape libre y si te falta una herramienta o necesitas reponer aceite seguro que un vecino te echa una mano encantado.

 

Informacion y textos: Antorio R. Rentero Egea.

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