Marc Quinn. Arte en sangre.

Marc Quinn, el artista que emplea su propia sangre congelada para modelar su propia efigie.
No es la primera vez que podemos decir que un artista se deja su propia sangre en la obra en la que trabaja, pero sí es posible que sea Mar Quinn el primero en hacerlo de una forma menos abstracta que otros que pintan con ella y especialmente que se deja una mayor cantidad de su fluido vital, puesto que dada la cantidad de sangre, de su propia sangre, que ha requerido y que la disponibilidad de la misma es limitada, ha tenido que ir almacenando en bolsas congeladas la misma hasta poder contar con la suficiente como para afrontar su propósito.

Una máscara facial de si mismo moldeada en sangre requiere unos cuatro litros y medio del producto de sus venas, por lo que desde el año 1991 en que comenzó este proyecto no han sido muchos los que ha podido realizar, uno cada cinco años, con extracciones que en total le llevan cinco meses para reunir la cantidad adecuada. Hasta ahora son cuatro los trabajos de Quinn, que pueden contemplarse con asombroso detalle en su propia página web. Con todo lo más impactante es que las esculturas, al estar realizadas en sangre congelada proveniente de un molde, necesitan de un continuo sistema de soporte térmico que las mantenga tal y como las vemos en las fotografías. En el momento en que dicho sistema deje de funcionar la sangre que conforma la escultura retornará a su estado líquido, fundiéndose.

 


Quinn planea seguir con su ciclo de máscaras en sangre congelada, que al mantener esa cadencia de una cada 5 años también plantea el aspecto del autorretrato que recoge el paso del tiempo junto con la voluntad del artista que intenta perpetuarse al captar su propia imagen en un autorretrato. En el caso de la pintura la fragilidad es latente y la conservación esencial, en caso de una escultura en mármol o bronce, la caducidad temporal puede ampliarse, pero con estas esculturas en sangre congelada que necesitan inevitablemente del mantenimiento del sistema de refrigeración lo efímero resulta aún más evidente.

 

 

Información y textos:  Antonio R. Rentero Egea

 

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